Cineastas se centra en las historias de cuatro realizadores de Buenos Aires y las películas que filman a lo largo de un año. De manera simultánea se representan por un lado las vidas personales de los cineastas, las circunstancias en las que se encuentran, y por el otro las películas que realizan. En algunos casos las vidas de los cineastas influyen claramente en sus obras cinematográficas y en otros, por el contrario, es la realización de esas películas, el desarrollo de esas ficciones, lo que transforma sus vidas privadas.
El espacio donde se desarrolla la obra es una escenografía que presenta dos escenarios simultáneos, uno para las vidas y otro para las ficciones, permitiendo contrastar esos dos planos que se narran al mismo tiempo.

Un director de películas comerciales se entera que tiene una enfermedad incurable y modifica la comedia que está realizando para que incluya sucesos de su vida personal y lo que le pasa. Una directora experimental se separa de su marido mientras realiza un documental sobre la separación de la Unión Soviética a través de sus películas musicales. Una directora independiente hija de un desaparecido recibe el encargo de filmar una película sobre un desaparecido que sorpresivamente regresa vivo en el 2013 y desequilibra la vida burguesa de sus hijos. Un cineasta muy pobre que trabaja en McDonalds para vivir roba plata para filmar una película que intenta ridiculizar a las multinacionales y su imaginario.

¿Son las obras de arte cápsulas de tiempo que apresan nuestras efímeras vidas para la posteridad? ¿o en realidad son las vidas vehículos para que las obras de arte se eternicen, haciéndonos repetir cosas que hemos visto en ellas cientos de veces previamente? ¿Nuestras ficciones reflejan el mundo o es el mundo una proyección distorsionada de nuestras ficciones?

La obra se construye sobre la tensión entre lo efímero y lo duradero. El cine tiene la pretensión de apresar la experiencia, de atrapar al tiempo, mientras que el teatro, al igual que la vida, es una experiencia efímera donde el tiempo se diluye. El contraste entre las vidas de los cineastas, impreservables, y sus películas, obras que esperan que duren para siempre está permanentemente presente.

Nos interesaba explorar una faceta particular de la compleja relación que existe entre realidad y ficción: de qué manera la vida, las experiencias cotidianas, influyen en las ficciones y sobretodo en qué medida nuestras vidas han sido construídas a partir de ficciones. El cine, y el arte en general, como formador de personalidad: somos lo que las películas, los libros y la televisión nos han hecho ser.

Tres años atrás comencé a realizar una serie de entrevistas a diferentes cineastas de Buenos Aires. Me interesó explorar el vínculo entre sus vidas privadas y sus películas, específicamente centrándome en qué les sucedía mientras filmaban un proyecto, cuánto de sus circunstancias personales estaban presentes en él y qué cosas de su vida se modificaban por el contacto con esa ficción.
Un tiempo después empecé a hacer entrevistas a diversas personas para intentar descubrir cuánto de sus vidas había sido modelada por las ficciones que habían consumido a lo largo de los años. De qué manera reaccionaban a las experiencias siguiendo patrones que habían visto antes en películas, por ejemplo.
Este fue el punto de partida de Cineastas. De las entrevistas originales muy poco quedó en la obra, que es completamente ficcional, ya que la idea no era desarrollar un trabajo documental sino por el contrario explorar al extremo las posibilidades de la ficción en la construcción de un mundo.

Lateralmente la obra se propone como el posible retrato de una ciudad, Buenos Aires, a través del particular recorte de las historias de sus cineastas. La ciudad, también escenario del contraste entre lo efímero (los habitantes) y lo duradero (la ciudad en sí), como un espacio suceptible de ser narrado a través de las vidas reales de sus habitantes pero también a partir de las ficciones que estos construyen. Buenos Aires, muy presente en las historias, una ciudad particular en la que sus habitantes a menudo se ven reflejados no tanto en lo que son sino en lo que creen ser.
Nunca conocemos las ciudades por las historias de sus habitantes, las conocemos por su producción ficcional.

En Cineastas, un reducido elenco de cinco actores representa y narra absolutamente todo, encarnando una multitud de personajes. Sin la utilización de filmaciones o video son los actores los únicos encargados de hacer presentes tanto las vidas como las películas en escena. ¿Existe cierta clase de cine efímero? ¿Es posible en el teatro la construcción de algo que perdure? En un esfuerzo que asumen como épico los actores intentan dar cuerpo a esas preguntas.

El espacio donde se desarrolla la obra es un dispositivo que presenta dos escenarios simultáneos, uno para las vidas y otro para las ficciones, a la manera de un recurso clásico del cine, el split screen, que permite contrastar dos eventos que suceden al mismo tiempo.
En los últimos años se volvió frecuente que muchas películas de producción internacional se filmen en Buenos Aires. Es una ciudad barata y fundamentalmente muchas de sus calles recuerdan a calles de otras ciudades, europeas en su mayoría, como si la ciudad en sí también fuera una reproducción ficcional de otros lugares preexistentes, lugares que en muchos casos ya no existen más en sus ciudades originales a causa de las guerras o cambios políticos de los últimos cien años.
Una ciudad que preserva ciudades desaparecidas, o una ciudad que son varias superpuestas, una encima de la otra.
La superposición de dos ideas que forman una tercera fue justamente lo que tomó Einsestein para su teoría del montaje cinematográfico. Muchas de sus conceptos surgen de los ideogramas japoneses donde dos imagenes superpuestas forman una tercera. El montaje según él es: «Una idea que surge de la colisión dialéctica entre otras dos».
Las vidas y sus ficciones también colisionan para quizás formar un tercer plano.

En Cineastas la narración y la representación están de alguna manera disociados con la presencia de un narrador en vivo que cuenta cosas que no se ven en escena. Como si fuera la voz en off de una película el narrador completa la vida de los personajes a partir de lo que vemos representado, y al mismo tiempo hace presente la idea de cómo narrar algo transforma los eventos narrados pero también al narrador.
Si el pasado de las personas está construído de relatos, el presente está construído por ficciones.

Palabras de algunos cineastas:

Yo empecé con la ficción y decubrí lo real, pero detrás de lo real está de nuevo la ficción.
Jean-Luc Godard

El cine consiste en que finalmente el ser humano consiguió preservar el tiempo.
Andrei Tarkovski

Sólo lo efímero es duradero.
Ingmar Bergman

Mi tiempo es personal, desmesurado. Si un tipo vive cincuenta años yo quiero hacer cincuenta años de película.
Leonardo Favio

 

Actúan:
Horacio Acosta
Juliana Muras
Valeria Lois
Javier Lorenzo
Marcelo Subiotto.

Texto y dirección: Mariano Pensotti
Escenografía y vestuario: Mariana Tirantte
Música y diseño sonoro: Diego Vainer
Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux
Coreografía: Luciana Acuña
Realización audiovisual: Agustín Mendilaharzu
Asistencia de dirección: Leandro Orellano
Asistencia de producción: Gabriel Zayat
Asistencia de escenografia y vestuario: Gonzalo Cordoba Estevez y Maria Victorel
Fotografia: Nora Lezano

 

Una coproducción del Complejo Teatral de Buenos Aires, Grupo Marea, Kunstenfestivaldesarts Bruselas, Wiener Festwochen, HAU Hebbel Am Ufer Berlin, Holland Festival, Festival d'Automne Paris, El Cultural San Martin, Festival Theaterformen Hannover/Braunschweig

 

 

 

 
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